Periodistas


El precio de las promesas
Abril 19, 2008, 6:37 pm
Archivado en: El debate

MarloCuando faltan poco más de tres meses para la celebración de las elecciones generales fijadas, como ya saben, para el 9 de marzo, los partidos políticos empiezan a dar los primeros pasos en sus respectivas campañas electorales.

Una campaña electoral, la de estas primarias, que acaba de comenzar y que a buen seguro superará en lo crispante a las que hasta el momento hayamos podido presenciar. Los protagonistas: Zapatero y Rajoy. Las victimas: todos nosotros.

 

Víctimas no sólo porque nos va a tocar escuchar sandeces y promesas que poco a poco irán cayendo sobre su propio peso, sino  porque nos va tocar escuchar una y otra vez, a través de los medios de comunicación la sintonía y los slóganes de turno elegidos por los partidos, así como el programa de las giras de los políticos. Calendario que a modo de artistas establecen para poder llegar a cualquier punto de nuestra geografía y conseguir calar con sus mensajes políticos, con la intención no de conseguir fans y alcanzar el Disco de Oro, sino de poder ser elegidos democráticamente presidentes del gobierno de ésta, una sociedad civil cada vez más cansada y desconfiada de las técnicas por ellos utilizadas.

 

La ejecutiva socialista gastará cerca de 12 millones de euros, casi el límite de lo que permite la ley, en la presente campaña electoral. 12 millones de euros para pagar las promesas, y nunca mejor dicho, una suma de dinero que servirá para montar el circo y el tour del principal evento del año que esta por empezar, el 2008. Campaña donde no faltarán rosas rojas por un lado y palomas blancas por otro.

 

Esta cuantía de dinero contradice el título de una conocida canción: “Promesas que no valen nada”, y es que efectivamente están pagando un precio muy alto por las mismas.

 

Y yo me planteo, ¿es necesario tanto?, si luego unos u otros, ya sea desde Ferraz o desde Génova proclamarán a los cuatro vientos y ante numerosos militantes lo contentos que están porque celebran un día en el que gane quien gane, el verdadero triunfador es el Estado de Derecho y la democracia.

 

 

 

18 de noviembre de 2007

Cristina Gómez Rico Romero



Dogmas
Abril 19, 2008, 6:34 pm
Archivado en: El debate

La concepción moderna del mundo que se basa en el racionalismo, la lógica y el pensamiento crítico ha tenido como uno de sus principales objetivos el escindir al individuo y la sociedad de unos dogmas que considera contrarios a la razón. Sin embargo el ser humano parece tender siempre a establecer en su subconsciente algunas “Verdades Absolutas”. Se da el caso entonces de que, al suprimir la tradición, el sentido espiritual o la religión al ser humano, éste acaba aprehendiendo unos nuevos modelos de conocimiento social y de sí mismo.

 Marlo

¿Qué son la Democracia, los Derecho Humanos, la Libertad, la Igualdad, el Bienestar, el Progreso…?  Además de logros del ser humano, son dogmas ya establecidos, y su simple mención nos remite a un concepto abstracto, que requiere de un intérprete para sernos presentado en sus formas concretas. Este es el objetivo actual de la información de masas. Como antaño los guías espirituales transmitían el significado cotidiano de una revelación espiritual, los medios de hoy en día “explican” a la sociedad el sentido estipulado de estos principios que el individuo, por sí sólo, parece incapaz de proyectar en su cotidianeidad.

 

La Verdad Absoluta no existe, se nos enseña, pero su verdad temporal parece ser absoluta, y acabamos asimilando una modificación de la “realidad” tras otra, aunque sean incongruentes entre sí,  (cosa que sucede en periodos de tiempo cada vez más cortos) a través de los intermediarios comunicativos del sistema. Los medios de comunicación son hoy, lo más parecido a una autoridad religiosa que dicta los principios básicos a seguir y se reúne de vez en cuando para establecer nuevas consignas, ritos e incluso a donde deben ir a parar nuestras contribuciones al régimen de bienestar (véase el ocio). Todo ello minuciosamente estudiado, según marquen los cánones del estado de ánimo social.

 

 Juan González Barahona