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Juegos Olímpicos Beijín 2008
Madrid, abril de 2008
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que en 1896 el Barón de Coubertain propusiera el renacimiento de los Juegos Olímpicos, cada cuatro años (con las excepciones de 1916, 1940 y 1944 debido a la I y II Guerra Mundial), una ciudad se convierte en protagonista mundial, con todo lo que ello conlleva. Se le da a su país la oportunidad de demostrar sus bondades y progresos con la excusa de acoger el acontecimiento deportivo más importante del planeta.
Ciertamente es el mayor evento dedicado al deporte, pero también es mucho más. Los Juegos Olímpicos suponen una ventana para presentar al mundo lo mejor de un país, su gobierno, su pueblo y sus costumbres. Y un escaparate para que las más grandes firmas multinacionales exhiban a lo grande sus millonarias campañas de patrocinio.
El año 2008 es un año olímpico. Beijín ultima los preparativos para acoger la celebración de los Juegos Olímpicos, que comenzarán el próximo mes de agosto. Pero a falta de cuatro meses, al Gobierno chino se le están empañando los cristales de su ventana. Con la polémica por las violentas protestas del pueblo de Tíbet contra el gobierno de China y la igualmente violenta respuesta de éste hacia los manifestantes tibetanos, el mundo ya ha visto un poco de lo peor de este país y su Gobierno.
Mientras los medios oficiales y oficialistas del Gobierno chino han intentado minimizar las consecuencias de este desastre, la prensa extranjera ha recopilado imágenes e información que muestran la faceta no censurada de este suceso. Un acto que ha costado la expulsión de los corresponsales extranjeros.
Frecuentemente, los medios de comunicación occidentales informan sobre las diversas formas de censura que China aplica tanto a sus medios de comunicación como a los usuarios de éstos, incluso a través de los blogs de Internet, a pesar de que la libertad de prensa está recogida en la Constitución china.
Tras la experiencia que los medios occidentales han vivido con la cobertura de las manifestaciones en Tibet, ahora desconfían de que en los Juegos Olímpicos puedan actuar con ‘manga ancha’, tal y como se les prometió desde Beijín meses atrás.
China sabe que tiene la oportunidad de mostrarse como un próspero país. Y sabe que la imagen que se proyecte internacionalmente va a depender del trato que dé a los medios de comunicación extranjeros. Entre periodistas y visitantes, quienes con las nuevas tecnologías (móviles, cámaras…) pueden recoger testimonio, en agosto ya no se podrá controlar el juego.
Silvia Loro Martín-Gil. Periodistas- Young Journalism
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Juegos Olímpicos Beijín 2008
Madrid, abril de 2008
No
me sorprendo mucho cuando, navegando entre páginas de periódicos y recorriendo la red, leo varias noticias sobre la expulsión de periodistas de Tíbet, ante el malestar del Gobierno Chino, que se queja de una “distorsión” de la información que estos corresponsales han recogido de las recientes protestas en esta zona.
No me resulta alarmante que las autoridades chinas intenten controlar la información que puede perjudicar su imagen internacional. No me sorprende la hipocresía con la que los medios de comunicación tratan este tema, cuando hablan de censura y represión a los medios, cierta y real, pero minucias al fin y al cabo si se compara con la falta de libertad que la historia ha visto en otras ocasiones, como el caso de la Guerra de las Malvinas de 1982, cuando la información que el mundo recibió vino de una selección de periodistas realizada por los mandos militares británicos, periodistas que ni tuvieron la ocasión de pisar tierra firme. Es tan sólo un ejemplo de la larga lista de casos de censura en conflictos que han instaurado aquellos países que abanderan el liberalismo.
Si la censura del Gobierno Chino es más evidente que en otras regiones es porque los medios de comunicación la presentan así. De un modo u otro, la censura está en todas partes. En los países democratizados, son las empresas informativas las que, atendiendo a sus intereses o a los de sus mejores cebados anunciantes, permiten o no sacar un tema a relucir. En aquellos otros países no democratizados sus gobiernos pasan a ser los ‘corruptos’, ‘censores’ y ‘privadores de la libertad de expresión’. ¿Qué método resulta más eficaz?
Quedan menos de cinco meses para que China, uno de estos países no democráticos, acoja en su capital los próximos Juegos Olímpicos. Tras los acontecimientos de Tíbet, el panorama del periodismo internacional debate si el Gobierno chino cumplirá o no su promesa de otorgar libertad para cubrir los Juegos Olímpicos. A China se le presenta la oportunidad para demostrar que su sistema no está tan alejado del que se desarrolla en los países ‘libres’. Y para que el mundo vea esto, se necesitan periodistas.
Silvia Loro Martín-Gil. Periodistas- Young Journalism
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