Periodistas


Enfermos de información by cristinagrr

Madrid, 29 de abril de 2008

 

“Los países democráticos cultivan las artes que sirven para facilitar la vida, más que las que tienen por objeto ornamentarla”. Los artistas de las sociedades aristocráticas perfeccionaban sus artes según ciertas tradiciones establecidas, pero en las democracias “lo que se busca generalmente en las producciones de la mente es el placer fácil y la información sin esfuerzo”. En consecuencia, añadía, surgen “muchos productos imperfectos”que “sustituyen el sentimiento y el pensamiento por la representación del movimiento y la sensación. […] El estilo a menudo será fantástico, incorrecto, recargado e impreciso, casi siempre vehemente y llamativo. Los autores buscarán la rapidez de ejecución más que la perfección del detalle. […] Habrá más ingenio que erudición, más imaginación que profundidad. […] El objeto de los autores será asombrar más que complacer, y sacudir las pasiones más que satisfacer el gusto”.

Estas palabras de Alexis de Tocqueville, en su valoración de los medios de comunicación en Estados Unidos, extraídas tras su visita al país en 1830 e  incluidas en el libro de Todd Gitlin “Enfermos de Información: De cómo el torrente mediático está saturando nuestras vidas”, resume lo que el autor va desgranado a lo largo de la obra y lo que para mí son hoy día la definición de la cobertura que como profesionales realizamos para los medios, y la influencia y saturación que como público recibimos de los mismos.

 

Gitlin utiliza la expresión “torrente mediático” porque indica que cuando no estamos durmiendo, ni trabajando, gastamos nuestro tiempo con los medios de comunicación, y ya ni trabajando nos libramos dice “porque también en el trabajo accedemos voluntaria o involuntariamente a los contenidos de los medios”. Comparto con el autor cada una de sus reflexiones, adaptándolas al 2008, porque aunque parezca mentira, se podría decir que el libro ha quedado desfasado en sólo tres años, ya que las tecnologías han avanzado rápido y mientras el se quedaba en hablar de discman, ahora hablamos del MP3, MP4, IPOD y todo tipo de reproductores móviles.

 

Vivimos en la sociedad del sentimiento y de la sensación más que de la información. Queremos un entretenimiento espectacular, aunque verosímil, más que informativo. Cultivamos la curiosidad dejando el espíritu de la información aislado. Es impensable no pensar sin que nuestra mente relacione ideas con lo que hemos visto a través de cualquier medio, porque los hombres somos egoístas por naturaleza y porque los medios (por su carácter mercantilista) se han hecho para complacer las necesidades del yo privado, que cada vez más se disfrutan en el ámbito público.

 

Los medios nos aislan, y a su vez nos sociabilizan, la portabilidad, miniaturización y accesibilidad de los medios han hecho que los aparatos electrónicos se conviertan en un complemento más de nuestro atuendo o un accesorio más imprescindible en nuestro bolso. El ejercicio más práctico para poner a prueba esta teoría es viajar en metro, es imposible no encontrarse a nadie sin escuchar música por algún aparato reproductor, jugar con un pequeña videoconsola, intentar hablar por móvil en las estaciones con cobertura o anotar en su agenda electrónica los planes de la semana. Todo ello sin tener acceso a WIFI, no quiero ni pensar en lo que se van a convertir los autobuses de la EMT si la propuesta del ayuntamiento de Madrid sale a flote y se incrementa este servicio para los usuarios de los autobuses públicos.

Parece como si estuviésemos desprotegidos o desamparados por salir a la calle y no tener un acceso rápido a Internet, pero no es eso, sino que estaríamos atrasados con respecto a lo que otras capitales europeas ya han implantado, y esto es sólo un ejemplo. Gitlin habla de la era del turbocapitalismo para definir la velocidad de la era en la que vivimos, en la que Internet es el rey al convertirse en un máquina de autoaceleración constante.

 

La información que hoy recibimos no nos llega a través de la vista en forma de textos, como ocurriese en sus inicios, sino que nos entra por los cinco sentidos con un explotación al máximo de imágenes y sonidos. Los medios, no son la tele, los periódicos o la radio. Hoy todo forma parte de una red cerrada donde los exteriores, la publicidad, los carteles, las tiendas, el merchandaising o los videojuegos contribuyen a incrementar el flujo económico planteado por los primeros, o respectivamente; esto responde a lo que gran parte de los elementos de la cultura contemporánea han evolucionado como respuesta al torrente, a su enormicidad, omnipresencia y velocidad; todos somos conscientes de su importancia pero nadie alcanzamos a estimar el inmenso espacio que ocupa en la vida cotidiana.

 

Inmersos en este espacio mediático y educados en la cultura de la industria cultural, no nos queda más que explotar nuestro carácter crítico para no vernos arrastrados por la corriente del torrente. Aunque creemos estrellas, tenemos que saber adoraralas como fans y catapultarlas como críticos cuando así lo merezcan.

 

La noticia televisiva influye de forma significativa en los criterios que emplea la gente para juzgar el mundo real. Todos lo hemos oído alguna vez: “ si lo dice la televisión, será cierto”. Ante esta mentira universal,( aplicable a todos los medios, porque no nos olvidemos, la objetividad real no existe), lo único que tenemos que asegurarle al espectador es, una educación para que mantenga las distancias con lo que entre por sus sentidos a través de los medios, y dejar el marrón de dilucidar a su capacidad de raciocinio. Es esta la única forma con la que poder contraatacar otra idea que aporta el libro en la que destaca que “la televisión es un agente de estupefacción, un chupete que nos convierte en niños, paralizando las facultades analíticas, rebajando nuestro nivel intelectual, reduciéndonos a la categoría de teleadictos que se regodean de su patética condición”.

 

Este control al estilo gran hermano de 1984, no hace más que crear en nosotros la tendencia paranoica de que nos están grabando y vigilando por todos lados, para hacer de nosotros frutos de consumo. Buscan estudiar al máximo nuestras pautas de comportamiento para idear los productos más afines a cada uno de los roles sociales; y para ponerlo más fácil, en ocasiones somos nosotros mismos los que nos prestamos a ello. Un negocio éste que nosotros provocamos, del que nos lucramos, saboreamos, y que lo queramos o no se ha convertido en el eje de nuestras vidas, o al menos en pieza fundamental que ayuda a definirlas.

 

No nos conformamos con disfrutar de los medios, sino que queremos salir en los mismos, e incluso crear los nuestros propios, así los blogs son la puerta al futuro periodismo. Somos sujetos y objetos de las percepciones que a la vez vendemos y compramos.

 

 

 

 Cristina Gómez-Rico

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